X de décimas (I)

Retorno a la papelera
de efímeros contenidos
hacia nadie dirigidos,
que mi corazón tuviera
y mi cerebro pariera,
para en este mismo instante
empezar algo constante
sin faltaros ningún miércoles
os dejaré mis estiércoles
siempre de forma elegante.

Estiércoles literarios
con décimas como forma,
convertida esta en una horma
para que conflictos diarios
os suenen extraordinarios.
Aquí dejaré papeles
todos los miércoles, fieles
a mi volátil constancia
intentando en la substancia
plasmaros todas mis pieles.

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En el camino

Así marcho.

Con la mente hecha jirones y el vientre poseído por una gélida presencia.

Con mis botas de no dejar huella y, a la espalda, un saco de afiladas piedras de sangre que me mantiene erguido.

Sin más alimento que las espinas que se desprenden de mi inútil carcasa y que recojo, una a una, con cuidado.

Sin más bebida que los efluvios tóxicos que supuran a través de las heridas de mi coraza.

Con el coraje de un ave en su primer vuelo y la seguridad de unos primeros pasos. Con la pisada firme de un funambulista y el valor del mismísimo Ares.

Con cuidado de no aplastar los ciempiés de humo que avanzan a mi alrededor. Con el único abrigo de una gruesa capa de culpa que repele las caricias del viento de la memoria.

La piel que mudo seca los charcos grises que dejo a mi paso. Pequeñas lagunas formadas por fragmentos de tiempo. De nuestro tiempo.

Un potro me agarra al ahora y hace que, con cada paso, me alargue como la espera al trueno en tormentas lejanas, estirando mi carne en una extensa alfombra tejida de miedos.

Y sigo andando.

Veo mi reflejo en cada lágrima del cielo. Todos son diferentes.

Cada uno es una esquirla del todo que era. Todos son yo y a la vez no soy ninguno.

Vestido de desnudez.

Nutrido de hambre y sed.

Henchido de ganas voy haciéndome pequeño

en el camino.

Texto: J. A. Jarillo

España: Paz, Unidad, Libertad e Hipocresía

1997. El año en el que Juan Carlos nombraba a su hija Cristina Duquesa de Palma. El año en el que Gerry Adams y Tony Blair se sentaban a dialogar en Irlanda. El año que ETA liberaba a Ortega Lara, quien posteriormente fundara el partido político de extrema derecha VOX. El año que España se lanzó a la calle por la Paz, la Unidad y la Libertad tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. Entonces yo tenía 10 años. Mantengo un recuerdo atroz. Un inexplicable sentimiento de pena por la muerte de un señor totalmente desconocido para mí. El que no fuera a la manifestación y/o manifestara su desagrado era, cuanto menos, un terrorista. Y yo no quería ser un terrorista. Habían matado a un concejal del PP y había que llenar las calles en señal de repulsa.

Y hablando del Partido Popular -y de Paz y Libertad también, cómo no-, ese año Fraga era reelegido como presidente de la Xunta de Galicia. 15 años que se pegó Manuel allí metido. Al lado de esto, el libro de Fariña se queda en un cuento para niños. El que fuera vicepresidente y ministro en la dictadura -sin entrar en detalle en su permisividad al terrorismo de estado- tuvo como vicepresidente al señor Feijó. De aquellas aguas, estos lodos; de aquella dictadura, este gobierno. ¿Cómo es eso que dicen algunos sobre los diputados de Bildu? En su momento ellos fueron dictadores y no ocurrió nada. De hecho, a Fraga tuvo que llevárselo una neumonía para que desapareciera finalmente de la escena política.

Pero, sin embargo, ahí estaba toda la plana política popular (cual ave Fénix, surgido de las cenizas del franquismo) encabezando las manifestaciones. Saliendo en protesta al asesinato del concejal (acto absolutamente deleznable, por si a alguien le queda alguna duda). Pavoneándose a favor de la paz con un antiguo dictador como ex-secretario general y con un presidente del gobierno que posteriormente pasaría a la historia como el que llevó a España a la Guerra de Irak, por no hablar de la gestión económica de su gurú, Rodrigo Rato.

2018. España se tira a la calle el 8 de marzo para protestar contra la lacra de la violencia de género. Pero claro, ahora no queréis Unidad. No apoyáis la causa a pesar de que el año pasado asesinaron a 52 mujeres y 8 niños. Contando los huérfanos, es una cifra que se acerca al centenar de personas cuyas vidas han sido destrozadas o directamente eliminadas por la violencia machista. Violencia permitida por esta sociedad y su moral eminentemente católica -corrompida en su totalidad- que a muchos nos resulta arcaica. Como no quise entrar en detalles con el lado más terrorista del querido Manuel Fraga, tampoco voy a explayarme en por qué el capitalismo, ese sistema que premia al que “la tenga más grande”, tiene un componente patriarcal intrínseco.

Pues eso. Entre Mariano con el lazo morado y la hipocresía de Albert apoyando todo lo que haya que apoyar, -eso sí, transversalmente- vuelve a quedar en evidencia que la derecha cada vez es más extrema y populista. Quizá es que hay que llegar a que se ponga una bomba y se asesine a decenas de personas para que esa España “libre, pacífica, unida” y rancia salga a protestar. O quizá es que la vida de un político es mucho más valiosa que la de decenas de mujeres que son asesinadas cada año. Para el Partido Popular y Ciudadanos parece ser así. Porque es obvio que no os dais cuenta de algo evidente. Que nuestras compañeras no se están muriendo, que nos las están matando, coño.

Roto

Estaba oscuro.

El líquido corrosivo que salía de mis sulfatadas pilas me ahogaba en un baño de sodio y azufre que pesaban como solamente pesa la soledad. Mis oxidadas extremidades no alcanzaban a tocar más allá de los restos resquebrajados de mi carcasa exterior. La humedad se iba colando por todas las rendijas de mi cuerpo e iba destrozándome por dentro. Poco a poco.

Hacía frío.

Yo seguía allí.

Inmutable. Inalterable. Inarreglable.

Después de las últimas Navidades no esperaba que llegara ninguna mano para sacarme de las arenas. Ninguna cuerda para sacarme del pozo. Pero el ser humano posee la imperiosa necesidad de arreglar todo aquello que cree que no funciona o que no lo hace como “debería”.

Quizá fue por eso.

Quizá no.

Pero llegó.

Tú ibas paseando por las noches como las nubes por el día; te miraba desde abajo, viéndote pasar al compás del viento. Como miran los peces a los barcos. Como mira un árbol a la lluvia. Como miráis vosotros a las estrellas.

Un día me miraste, con superioridad. Como mira el universo a la Tierra. Como miran las palabras a los sentimientos. Yo te aguanté la mirada entre súplicas internas para que me salvaras. Era una víctima de un terremoto de injusticias que esperaba una voz salvadora que atravesase los escombros de mi coraza y me dijese: estoy aquí, ya pasó todo.

Esa voz llegó. Las manos que la acompañaban me recogieron, me limpiaron y recompusieron. Tus ojos me miraban con preocupación, como un niño mira al gorrión herido en el alféizar de su ventana.

Cuando se marchó el frío y llegó el calor, yo ya estaba listo para salir del nido que me habías hecho. Pero era tarde. Mi cuerpo volvió a sentir y cambiaste mis oxidadas pilas por una inacabable batería de sensaciones. Ya había encontrado alguien que quería jugar conmigo. Más importante aún, había encontrado una persona que quería que yo jugara con ella.

Y, de nuevo, llegó la Navidad. Y el frío. Pero ya no había rendijas por las que pudiera entrar.

Ya no era un juguete roto.

Humo y espejos

Parafraseando a Jimmy Breslin, “todo el poder político es principalmente una ilusión; espejos y humo azul, un hermoso humo azul que se desliza sobre la superficie de espejos perfectamente pulidos. Si alguien te dice cómo has de mirar podrás ver en el humo grandes figuras magníficas, castillos y reinos, y tal vez puedan ser tuyos”. Esta frase hacía clara referencia a la expresión smoke and mirrors, muy utilizada en el ámbito de la magia y el ilusionismo. 

Cádiz tiene su propia casa de humo y espejos. Sólo tienen que dirigir su mirada al ayuntamiento o asomarse a la ventana de Onda Cádiz y ver un pleno para comprobar que no me propaso en lo que digo. Y no, no hablo del equipo de gobierno -bien podría hacerlo ya que de no ser por su incoherencia, no estaría escribiendo este artículo- sino de la oposición.

Dos años vacíos. Media legislatura ahogada en humo y en el horizonte se atisba otra media que no es más que el reflejo en un espejo de la mitad pasada. Todo esto bien separado y al mismo tiempo unido por un eje de simetría perfectamente visible: la entrega de la ya famosa medalla a la Virgen del Rosario.

Durante estos dos primeros años, los ediles del Partido Popular -apoyados por otros tantos del  PSOE y Ciudadanos- se han dedicado a intentar amedrentar al alcalde y sus concejales esgrimiendo argumentos en muchos casos vacíos, en otros tantos hasta ruines. Argumentos como su inexperiencia para gobernar, su falta de preocupación sobre el “lamentable” estado de la ciudad o la “más que obvia” relación de los ediles de Por Cádiz Si Se Puede con los gobiernos de Venezuela e Irán o con la banda terrorista ETA. Dos años de mucho ruido y pocas nueces. 

Y entonces llegó el punto de inflexión. Justo cuando a la oposición ya no le funcionaban los argumentos para criticar la gestión económica del ayuntamiento -que ha disminuido la deuda municipal y reducido el periodo medio de pago a proveedores- el alcalde mostró debilidad, se hirió y sangró. Y los tiburones Martínez, Romaní y PPBlas olieron esa sangre y se lanzaron a por él. 

El tema de la medalla fue llevado a pleno por los populares. Y ahí se descubrió el talón de Aquiles de la alcaldía: la necesidad de quedar bien con el pueblo aunque ello implique clavarse un puñal en su propia espalda.

Tras una oposición centrada en demonizar al alcalde para evitar la fuga de sus votantes hacia la izquierda, ahora parece que el PP cambia de tercio para ahondar en esa herida ya abierta. En 20 años que estuvieron apoltronados en nuestro cabildo no se les ocurrió homenajear a Miguel Ángel Blanco con una calle o nombrar al señor Pascual Saturio hijo adoptivo de la ciudad. 

Vamos, señorías, que es vergonzoso que intenten utilizar las creencias religiosas, el dolor de las víctimas o el grave problema de Cataluña como arma arrojadiza contra el equipo de gobierno. Han tenido más de 20 años para hacer y deshacer a su antojo. Ya basta de humo y, por una vez, mírense al espejo.

Texto: J. A. Jarillo

– Artículo publicado el 08/07/2017 en el semanario de CádizDirecto –

Cai Story

Seguro que mi generación, esa que se crió rebobinando cintas de casete con lápices de grafito y para la que el discman fue toda una revolución, recuerda perfectamente la película Toy Story.

Para aquellos que no tuvieron la “suerte” de nacer en los años 80, este largometraje de animación cuenta la historia de unos juguetes que se ven completamente desplazados cuando llega a su hogar el último regalo que le han hecho a su dueño. Es un juguete nuevo, de última generación, que ridiculiza a esos juguetes raídos que el niño guardaba desde su tierna infancia y que, inevitablemente, quedan a un lado.

Ahora en Cádiz, nuestra ciudad, mi generación se siente olvidada como esos juguetes viejos y usados. Nos está desplazando la subida del precio de la vivienda potenciada por la llegada de una nueva burguesía turística (la gentry); nuevos juguetes modernos con virtudes mucho más apetecibles para nuestra niña, la Tacita de Plata.

Los nuevos caprichos de la niña bonita de Occidente llegan desplazándonos a todos aquellos que ya no servimos a sus menesteres. Antes nos permitía quedarnos, si nos portabamos bien y no hacíamos demasiado ruido, con algún rinconcito escondido entre sus murallas. Ahora ella solamente piensa en engalanarse, sacarse brillo y ponerse guapa para estos nuevos vecinos, lo que supone que nuestros escondites entre troneras y baluartes desaparezcan.

Nosotros nos conformábamos con la clásica caja de juguetes, donde vivíamos todos juntos compartiendo patio, azotea y tendedero. Los nuevos vecinos no son así. No quieren compartir caja. Prefieren aislarse lujosamente, con la menor interacción posible con el resto de juguetes. Ellos quieren un sitio más tranquilo donde descansar cuando Cádiz se cansa de jugar con ellos o, mejor dicho, cuando ellos se cansan de jugar con Cádiz.

Y Cádiz, complaciente como siempre, se lo otorga. Nuestra niña sucumbe a sus deseos. Ya no le interesamos y tendremos que buscar una nueva dueña que sí quiera jugar con nosotros. Ya casi no podemos permitirnos el coste de vivir en NUESTRA ciudad.

Poco a poco se va haciendo imposible que nosotros, muñecos pasados de moda y sin nadie que requiera nuestros servicios, podamos permitirnos el coste de estos nuevos áticos y apartamentos que van sustituyendo a las casas de antes, las de siempre. No tenemos dónde guardarnos. Y ya sabéis lo que pasa cuando los juguetes no se guardan; acabaremos todos en la basura o nos llevarán a la parroquia.

Pues yo no quiero acabar en la basura. Yo no quiero que me lleven a la parroquia. Yo no quiero que me regalen a la hermana pequeña, se llame San Fernando, Chiclana o el Río San Pedro. Yo solo quiero que Cádiz siga queriendo jugar conmigo.
Texto: J. A. Jarillo

– Artículo publicado el 03/06/2017 en el semanario de CádizDirecto –

Una semana de oro

Así no, José María, así no. 

Cuando parecía que la semana pasada iba a terminar bien para el equipo de gobierno con la municipalización de los servicios de playa, llega un gol en propia puerta en el último minuto. 

La Comisión de Honores y Distinciones del Ayuntamiento de Cádiz, a propuesta del PP y con los votos a favor de PCSSP, PSOE y Cs, ha concedido otorgarle la medalla de oro de la ciudad a la patrona de la misma, la Virgen del Rosario. 

No puede sorprendernos que adalides del clasismo y la mediocre clase política de nuestra ciudad como los señores Ignacio Romaní, Juan Manuel Pérez Dorao o Francisco González (y sus partidos) estén de acuerdo con esta serie de anacronismos y movimientos políticos cuasi medievales. Pero tú no, José María. 

Nuestro equipo de gobierno no puede permitirse este tipo de incoherencias. Si desde la izquierda de éste país se quiere apostar por un gobierno laico -a nivel estatal- tenemos que empezar desde las instituciones más cercanas al pueblo y esas son las diputaciones y ayuntamientos.

Que acudas acompañando a tu madre en la procesión del Nazareno me parece genial, de verdad. Antes que político, eres persona y posees libertad para hacer lo que te plazca con la religión en el ámbito personal. Pero dar color a nuestro ayuntamiento con esos tintes católicos no entra dentro de tus obligaciones como regidor. Es más, esa actitud va en contra de todo lo que esperan los votantes de izquierdas de esta ciudad de un equipo de gobierno como el vuestro. 

Mucho más aún si el obispado se niega (como ha quedado claro esta semana) a ceder sus inmuebles vacíos a personas y colectivos desfavorecidos. Éste hecho, de haber acabado con otro desenlace, bien podría haber provocado que dicha medalla se le otorgara al propio obispo (y yo personalmente no tendría muchas objeciones). Pero esto no va a ocurrir porque la iglesia se ha desenmascarado (por enésima vez), mostrando su hipocresía al negarse siquiera a poner las viviendas en alquiler. 

Que sí. Que la Virgen del Rosario es -para muchos gaditanos- bastante más que un trozo de madera. Que sí. Que la entrega de la medalla es un hecho simbólico sin repercusión económica para las arcas de la ciudad. Que sí. Que había más de 6000 firmas que pedían que se le otorgara tal distinción. Pero yo prefiero insistir, sin que sirva de precedente, en el no. 

Que no. Que no pueden explotarte en las manos este tipo de “patata caliente” que te pasa la oposición. Que no. Que el miedo a perder el apoyo del pueblo no debe pautar ni formar parte de la hoja de ruta de ningún ayuntamiento. Hay que ser más valientes y mantener la coherencia, aunque se pierdan algunos apoyos. 

Y si no se quiere (o se puede) ser valientes, entonces hay que ser más inteligentes que ellos; con una simple abstención hubiera bastado para mostrar desacuerdo y mantener a la oposición igualmente contenta (y aleccionada de manera muy elegante). 

Siempre

Después de tí me siento vacío.

Es algo inevitable; ocurre siempre.

Siempre que atraviesas mi puerta. Siempre que huyes de mis sábanas. Siempre que la luz de mis ojos ilumina el planetario de tu espalda mientras marchas.

Tú solamente te vas. Yo te miro mientras avanzas, paso a paso en tu camino, alejándote de mí. Yo sin embargo me quedo. Tú pisoteas mis recuerdos como si de hierba amarillenta y seca se tratara.

Y llega esa sensación de ratas ahogándose en mi interior y luchando por salir. Ese desgarro que me rompe de dentro hacia fuera dejando salir al exterior lo más recóndito de mi ser; aquello que tú siempre quisiste.

Ahora sale el sol. Y yo lo odio.

Odio como lo baña todo con su asquerosamente preciosa luz, como tú lo haces con tu sonrisa. Odio como despierta la vida a su alrededor. Lo odio.

El único resquicio de esperanza que me queda es que no hay luz sin sombra. Y ya sabes que en las sombras es dónde me siento cómodo.

Sabes que siempre estaré allí, en la cara oculta de la luna. Sabes que siempre te aguardaré en las noches cuando nadie, ni siquiera el sol, esté ahí para molestarnos.

Siempre nos quedarán las sombras.

Texto: J. A. Jarillo

Imagen: Sara Herranz (http://www.sara-herranz.com/)

Liberqué? Égaliqué? Fraterniqué? 

Ahora que se han calmado las aguas. 

Ahora que todo ha vuelto a la normalidad. 

Ahora es el momento de reflexionar sobre lo ocurrido en Francia. 

Emmanuel Macron ha ganado las elecciones. Es un político de 39 años culto y educado en los mejores centros -y más elitistas- de toda Francia. Físicamente da una sensación de buenismo insuperable. Es el típico novio perfecto. Tiene un aire amonaguillado que transmite bondad y seguridad. Macron es un “centrista” que fue ministro de economía del gobierno del socialista Hollande. El mismo gobierno que, con sus políticas, ha alimentado el fuego social en el país provocando el auge del Frente Nacional de Marine Le Pen. Macron es ese al que muchos llaman ahora el “salvador de la UE”. Su victoria mantiene cohesionada a la unión frente al separatismo planteado por el partido de Le Pen.

Y todos contentos. Igual de contentos que estaríamos si hubiera ganado Hillary Clinton en EE.UU. ¿verdad? Mientras que no gane el peor, siempre nos conformamos con el menos bueno. Pues mientras todos os quedáis con el alivio de la derrota de Le Pen, yo quiero ver los números. 

En la primera vuelta les distanciaban en torno a 1 millón de votos (menos de 3 puntos porcentuales). Entonces saltaron las alarmas. Europa se movilizó y posicionó a favor de Macron y su partido En Marche!. Había que frenar al Frente Nacional de Le Pen como fuera. En la segunda vuelta Europa obtuvo su ansiada victoria: Macron dobló en votos a Le Pen a pesar de que ésta última aumentara en 3 millones su número de votantes. 

Parece que todo va sobre ruedas en el país galo pero ¿nadie repara en que hay más de 10 millones de personas que quieren como presidenta a Marine Le Pen?. Si aún no saben quién es esta señora, definirla como el resultado de meter a Donald Trump junto al cadáver de Margaret Thatcher en una batidora os puede acercar a su figura. 

Si Macron no hace un esfuerzo por modificar las políticas económicas de Hollande y no toma una determinación positiva -para el pueblo- frente al problema que supone el Estado Islámico en Siria y países vecinos, puede ser que en 5 años tengamos una nueva dama de hierro bailando en el Palacio del Elíseo al son de la Marsellesa. 

Y como siempre, Cádiz, a contracorriente. Ahora que hemos conseguido expulsar a la derecha de nuestro ayuntamiento, parece que se pone de moda de nuevo. Junto con Trump en EE.UU., el FrP en Noruega, el JOBBIK en Hungría y el Partido Conservador y Unionista en Reino Unido liderado por Theresa May y su Brexit, el auge de la extrema derecha francesa no hace más que afianzar este concepto. Si Robespierre levantara la cabeza seguramente le pediría a Guillotin que se la arrancara del cuerpo.

Actualmente tenemos como vecino a un país -Francia- en el que más de 10 millones de personas (en torno a 1/6 de su población) está de acuerdo con romper con la Unión Europea, con volver a instalar fronteras y con expulsar a todos los inmigrantes que, previamente, no hayan sido encarcelados. Si estos datos no os parecen preocupantes, sigan mirando a Macron y pensando que pararemos el auge de la ultraderecha Europea con caras bonitas.
Texto: J. A. Jarillo

– Artículo publicado el 20/05/2017 en el semanario de CádizDirecto –

La ciudad de los dos alcaldes

Cádiz tiene un nuevo regidor.

Bueno, nuevo lo que se dice nuevo, tampoco es. Que ya lleva casi dos años en la alcaldía.

Dos años en los que ha aprendido a marchas forzadas cómo son los entresijos de la política local.

Dos años en los que se ha enfrentado desde su inexperiencia a la compleja tarea de administrar un ayuntamiento tan importante como el de la ciudad de Cádiz.

Dos años recibiendo la esperanza (y también el desamparo) de muchos vecinos en forma de apoyo, ya sea público o privado, en casa o en el trabajo, en los bares o en la calle.

Dos años enmarcados en una campaña de acoso y derribo al nuevo equipo de gobierno independientemente de la idoneidad de las posturas o medidas adoptadas. Una campaña orquestada y dirigida por la élite acomodada y apoltronada que ha saqueado Cádiz a su antojo durante una veintena de años. Una campaña que ha secuestrado, arrebatando el adjetivo periodístico, a los medios más leídos en la ciudad. Una campaña que, desgraciadamente, ha acabado calando hasta en los sectores de la población más alejados (ideológica y socialmente) de esa infame burguesía. Una panda de empoderados que ha utilizado -y pretende seguir haciéndolo- a Cádiz como una alfombra más de su salón por la que poder caminar con los pies descalzos de vergüenza y sucios de corrupción.

En definitiva, dos años en los que nuestro alcalde -sí, el vuestro y el mío, le pese a quién le pese- ha encajado duros golpes y, al mismo tiempo, recibido apoyos sinceros.

Pero estos dos años nunca serán comparables a los más de 300 que llevamos siendo guiados por “nuestro” alcalde sempiterno. Estos dos años siempre se verán opacados por los más de tres siglos que nuestra ciudad ha sobrevivido bajo el manto y cuidado de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Regidor perpetuo de Cádiz desde que éste nos salvó de la peste. Tanta es la devoción del pueblo por esta cofradía que, antes de que procesione por las calles, el ilustrísimo alcalde le entrega su bastón de mando cediéndole el título de legítimo y “sagrado” alcalde.

Sí. Esa que es llamada cuna de la libertad, trimilenaria madre de la cultura en el Occidente Europeo, sigue manteniendo esta tradición tan desfasada y simbólica como inservible. Toda esta parafernalia anacrónica sigue perpetuándose en Cádiz.

Y digo inservible porque si no fuera así las plegarias que se repiten semana tras semana en el templo desde donde el Nazareno gobierna nuestra urbe tendrían respuesta. Si no fuera así, todos esos gaditanos que discrepan con el equipo de gobierno se habrían manifestado de una u otra manera frente a nuestro regidor perpetuo durante su paseo, mostrando así su descontento. Lástima que éste no vaya a contestarles. Ni ahora ni nunca, desde hace más de 300 años.

Porque el “Greñuo” no posibilita la entrada de trabajo en los astilleros. Porque el “Greñuo” no lucha por la implantación del Bono Social Eléctrico. Porque el “Greñuo” no conseguirá un centro de ciudad peatonal y sostenible. Porque el “Greñuo” no va a salvarnos del hedor remanente en nuestro ayuntamiento después de que los buitres se fueran dejándolo todo lleno de carroña, como supuestamente nos salvó de la peste hace más de tres siglos.

Porque el Nazareno no es más que una figura que representa a un ser ficticio adorado desde tiempos donde la incultura y el desconocimiento bañaban la inexperta piel del ser humano. Nuestro Regidor Perpetuo podría tener una cabeza de elefante si viviéramos en Nueva Delhi, o de halcón si esto fuera El Cairo. El Greñuo solo mantiene la esperanza vacía de aquellos que, sin otra solución, acuden a su templo a expiar sus pecados y a solicitar ayuda a esa figura de madera que ostentosamente rodeada los observa impertérrita desde las alturas.

Dicen las comunidades religiosas que un pueblo sin esperanza, es un pueblo perdido. Yo prefiero pensar que un pueblo ignorante que adopta como realidad aquello que es una pura ilusión está abocado al fracaso.

Texto: J. A. Jarillo

Fotografía: Agencia EFE