En el camino

Destacado

Así marcho.

Con la mente hecha jirones y el vientre poseído por una gélida presencia.

Con mis botas de no dejar huella y, a la espalda, un saco de afiladas piedras de sangre que me mantiene erguido.

Sin más alimento que las espinas que se desprenden de mi inútil carcasa y que recojo, una a una, con cuidado.

Sin más bebida que los efluvios tóxicos que supuran a través de las heridas de mi coraza.

Con el coraje de un ave en su primer vuelo y la seguridad de unos primeros pasos. Con la pisada firme de un funambulista y el valor del mismísimo Ares.

Con cuidado de no aplastar los ciempiés de humo que avanzan a mi alrededor. Con el único abrigo de una gruesa capa de culpa que repele las caricias del viento de la memoria.

La piel que mudo seca los charcos grises que dejo a mi paso. Pequeñas lagunas formadas por fragmentos de tiempo. De nuestro tiempo.

Un potro me agarra al ahora y hace que, con cada paso, me alargue como la espera al trueno en tormentas lejanas, estirando mi carne en una extensa alfombra tejida de miedos.

Y sigo andando.

Veo mi reflejo en cada lágrima del cielo. Todos son diferentes.

Cada uno es una esquirla del todo que era. Todos son yo y a la vez no soy ninguno.

Vestido de desnudez.

Nutrido de hambre y sed.

Henchido de ganas voy haciéndome pequeño

en el camino.

Texto: J. A. Jarillo

Anuncios

X de décimas (XXI)


Aquí dentro las serpientes
paren entre mis entrañas
doradas lunas extrañas
donde dejan sus simientes.
Tu olor despertó sus mentes,
nacieron sietemesinas.
Tras un reguero de espinas
se marchan de mí sus sombras
dejando a su paso alfombras
que adornan todas mis ruinas.

X de décimas (XX)

Se siente un viento doliente
que llega aquí desde el oeste,
huele a frío suena a peste
sabe a dolor inocente.
Barrerá el polvo caliente
dejando al aire los huesos.
Un torbellino de excesos
y cristales como espinas,
ningún sol en las cortinas
cambiará que somos presos.

X de décimas (XIX)

Al comienzo del tremor,
las primeras sacudidas
llegan fuertes, desmedidas,
sin pensar en el dolor.
Todo nuestro alrededor
funde olores y colores.
Nos abrazan los vapores
con fuerza y fragilidad;
sin miedo ni dignidad
nos convertimos en flores.

Hay gotas lloviendo en mí
mientras el tiempo, parado,
baila en tu cuerpo encerrado
y me funde sobre tí.
Un segundo más allí
es como morir viviendo.
Esa calma poseyendo
nuestros miedos y temblores
es un huracán de olores
que de ansias nos va vistiendo.

X de décimas (XVIII)

Un ejército vestido
de azules, grises y blancos
ha cruzado los barrancos
que hay al fondo de mi olvido.
Como un viejo conocido
que trajera una sonrisa.
Una que no enseña dientes,
de comisuras crecientes;
con la malicia precisa
para hacernos huir aprisa.

Una sonrisa formada
por dos orillas de fuego
enfrentadas en su juego
de una mirada callada.
Una barrera creada
como jaula de palabras.
Entre sus muecas macabras
me encuentro en un laberinto,
ciego sin ningún instinto,
esperando que tú me abras.

X de décimas (XVII)

Sostienen vuestra balanza
unas garras putrefactas
que aguantan la presa, intactas,
diluyendo la esperanza
hasta que torna en venganza.
Vuestra espada está afilada
con los huesos y bañada
por la sangre de inocentes.
Colocan manos dementes
la venda en vuestra mirada.

Vuestra toga está manchada
de ese barro que os salpica
cuando vuestro mazo aplica
la justicia mancillada.
Y nunca pasará nada
mientras siga todo el vicio.
Nunca os llegará el juicio
por todos vuestros errores
que, en virtud de favores,
nos causan tanto perjuicio.